El coraje de hablar cuando todos callan.

El otro día me encontraba caminando con mi esposo por una calle muy transitada, él llevaba a mi hijo en los brazos cuando se nos cruzó una patrulla de policía. De repente escucho a mi esposo exclamar “Señor, usted que es Policía debería usar el cinturón de seguridad, debería dar el ejemplo”. ¡Uy!, a mí se me heló la sangre. Mi esposo había decidido llamarle la atención a un Policía, ¡un Policía, madre mía! Mi reacción natural fue alejarme, como para no meterme en problemas, mientras mi esposo seguía increpando al policía, quien se defendía diciendo que su cinturón de seguridad estaba malo.  Cuando finalmente la patrulla se alejó, yo fui la que le llamé la atención a mi esposo diciéndole que para qué se metía en problemas. Él me contestó que el Policía era un fresco, pues con qué moral sacaba partes o papeletas a los conductores.

police-970012_1920Este hecho me hizo reflexionar acerca de las tantas veces que callamos y nos hacemos los lesos frente a situaciones que sabemos que no son correctas simplemente por no complicarnos la existencia. Me acordé de una frase de Martin Luther King, el famoso líder por los derechos civiles de los negros en Estados Unidos, quien dijo: Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos.”  

Cuántos de nosotros nos compadecemos en nuestro interior por el sufrimiento de los demás pero decidimos taparnos los ojos;  cuántos  hemos presenciado mudos como le hacían bullying a un compañero de colegio;  cuántas veces nos hemos alegrado de no ser nosotros los que estamos en problemas mientras vemos a otros sufrir.

Creo que  uno de los problemas de nuestras sociedades es que nos hemos olvidado del gran mensaje que nos han entregado los sabios que han pasado por nuestra tierra, como Jesús que nos decía que todos somos hermanos, o el Dalai Lama, quien señala que él trata a todas las personas que conoce como a un viejo amigo a quien no veía hace mucho tiempo.  Somos individuos, pero también  somos parte de una colectividad y si nos viéramos como una gran familia nos  preocuparíamos más por el bienestar de los que nos rodean.

Una vez escuché a un psiquiatra decir que las personas que sólo se miran el ombligo son propensas a sufrir depresión. Cuando  sólo piensas en ti mismo, cuando deambulas por la calle pensando únicamente en tus problemas, cuando no ves las realidades que otros experimentan,  empiezas a sobredimensionar tus conflictos, te sientes solo, crees que tu vida no tiene sentido. Somos seres sociales, que necesitamos involucrarnos con quienes nos rodean, que necesitamos ayudar a otros y ser ayudados en muchas ocasiones.

Busquemos el coraje de hablar cuando todos callan, busquemos el valor para exigir que las cosas se hagan de manera correcta, encontremos la fuerza para ayudar a los que están en problemas, en ese proceso dejaremos de sentirnos solos, nos daremos cuenta que somos capaces de producir cambios en nuestra sociedad y que nuestra vida tiene sentido.  Es un desafío… un desafió que me dejo a mí misma.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s