VIVIR CON PROPÓSITO

 

Si alguien nos preguntara qué queremos para nuestra vida, creo que la respuesta unánime sería: ser felices.  Lamentablemente no tenemos muy claro qué es ser feliz y los medios de comunicación nos confunden haciéndonos creer que en la medida que tengamos el último modelo de celular o si logramos vivir en tal o cual urbanización, o si tomamos vacaciones en algún lugar idílico del Caribe seremos felices. Sin embargo, nada está más lejos de la realidad. La Felicidad es un estado interior y, en consecuencia, es imposible de lograr  a través de cosas externas, que están fuera de nosotros. Para quienes han estudiado el tema, la Felicidad  se asemeja más a una sensación  de paz o tranquilidad interior,  que a la alegría o placer.

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La pregunta es entonces ¿Cómo logramos conseguir Paz Interior? La respuesta es compleja y debe abordarse desde distintas perspectivas.  En esta ocasión deseo referirme a la importancia de encontrar nuestro propósito en la vida para poder llegar a conocer la Felicidad.

El propósito de nuestra existencia responde a la preguntas ¿Para qué vivo? ¿Quién soy?  y ¿Qué estoy destinado a hacer? Son interrogantes existenciales que todo ser humano necesita contestarse para poder darle rumbo a su vida, para poder definir los siguientes pasos que dará y que le harán sentir que crece, que avanza y que su vida va en el camino correcto.

Tim Kelly, autor del libro “True Purpose, 12 strategies for discovering the difference you are meant to make” (Trascendent Solutions Press, 2009) nos explica que el propósito de la vida está compuesto por tres elementos fundamentales. El primero de ellos es nuestra esencia,  es decir, nuestro ser más profundo. Imagínense ustedes que una persona que es esencialmente compasiva termina trabajando de juez, labor en la que tiene que aplicar todo el rigor de la ley para castigar a las personas que han cometido delitos. Esta persona realiza un trabajo que no se ajusta a su esencia, pues a ella lo que le brota desde su ser interior es entender y ayudar a quienes se han equivocado. Este individuo tendrá serias dificultades para ser feliz, pues lo que hace se opone a lo que es y siente.

El segundo elemento que constituye el  propósito de la vida es nuestra “Bendición” que podemos identificarla con aquello en lo que somos especialmente talentosos.    Sin embargo, es necesario acá ser cautelosos. Hay muchos que creen que ser talentoso implica ser bueno para las matemáticas, pintar bien o cantar bonito. Esa es una idea muy limitada. Una persona puede ser talentosa  en construir rápidamente lazos de confianza, en ser buen comunicador,  en hacer brotar la alegría en los lugares en que se encuentra, o en resolver rápidamente problemas. Cada uno de nosotros es poseedor de un don particular  y,  para los que creemos en Dios,  ese talento es la pista que nos ha entregado el creador  para que logremos encontrar el propósito de nuestra vida.  Nuestro propósito está siempre encadenado a  nuestro principal talento.

El último elemento que forma parte de nuestro propósito existencial es nuestra “Misión”. Ella hace referencia a la tarea que estamos llamados a cumplir en nuestra vida.  Y esta Misión es necesariamente una manifestación de nuestra esencia y nuestra bendición. La Misión nos indica concretamente  dónde debemos usar nuestros talentos,  ya sea con un grupo específico, o en un contexto particular. Imagínense ustedes  que mi esencia sea la de ser compasivo, y mi talento sea el de comunicar. Podría dedicarme a juntar fondos para ayudar a las víctimas de violencia doméstica, pero en realidad me siento llamado, me conmueven íntimamente los animales abandonados.  Donde me sentiré más realizado, y más feliz, será trabajando en una ONG de ayuda a los animales. Puede que a muchos les parezca superfluo, pero es donde yo siento que estoy llamado a actuar y a marcar una diferencia.

Buscar el propósito de nuestra vida no es una tarea fácil. Requiere iniciar un proceso de autoconocimiento para saber quien soy esencialmente. Se necesita además desprenderse  de las opiniones  externas de quienes creen saber qué es lo mejor para nosotros y se debe poner en movimiento nuestros principales talentos.

Si todavía estás en busca del propósito de tu vida, te recomiendo que contestes las siguientes preguntas: ¿En qué momentos de tu vida te has sentido realmente apasionado por algo? ¿En qué momentos de tu vida te has sentido más satisfecho? ¿Cuándo has sentido que tu vida tiene realmente significado? ¿En qué momentos has sentido que todo te resulta fácil, que todo se sincroniza para que te vaya bien?  Busca las coincidencias en tus respuestas, pues cuando uno está en el camino correcto para vivir su propósito en la vida todo se da fácilmente y fluye. Mientras que cuando dedicas tu vida a algo que no es para ti,  todo suele salir mal y los problemas se suceden unos a otros, esa es la advertencia para cambiar de rumbo y encontrar tu verdadero camino.

Si respondiste esas preguntas y sigues confundido, ten presente que hay quienes dicen que el alma es el depositario de nuestro propósito existencial. Busca un momento de tranquilidad y escucha a esa voz interior que desde que eras niño conoce tu misión en este mundo.  Por último, ten el coraje de vivir tu propósito a pesar de lo que tengas que perder, a pesar que pueda no gustarle a algunos, a pesar de haberlo tenido escondido por muchos años. La ganancia será inmensa, nunca más te sentirás perdido, nunca más te sentirás insatisfecho.

Viviana Gübelin Meza

 

 

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