“Tripulación, puertas en automático, cross check y reportar” Viviendo en piloto automático.

En uno de mis tantos viajes en los que regresaba a Santiago, me ocurrió que durante el vuelo comenzaron a haber fuertes turbulencias que hacían que avanzáramos un corto tramo y luego el avión descendiera unos metros en caída libre, se estabilizaba y volvía a caer. Algunas personas daban unos grititos cuando el avión descendía, una señora más adelante rezaba, y otros se hacían los cool y ponían cara de “tranquilos, así es volar”. Confieso que yo también ponía cara de “no pasa nada, tranqui”, pero para mis adentros pensaba que no había prestado atención suficiente a las indicaciones que dan las azafatas en torno a las medidas de seguridad al inicio del vuelo, y miraba de reojo por donde caerían las máscaras de oxígeno si es que las necesitábamos.  También acepté que si nos caíamos en el mar me iba a morir porque, estúpida de mí, ¡nunca había aprendido a nadar! Todas esas increíbles cosas se me pasaban por la mente mientras me revolvía en el aire cual guinda de Martini,  acompañada por desconocidos. Finalmente, habló el pilotó quien nos indicó que había  un mal tiempo inesperado que estaba empeorando y que por lo tanto íbamos a ser desviados a Mendoza, Argentina.

avion bajo la lluvia

-¿¡Mendoza?¡ ¡WTF, yo voy a Chile, avísenle al piloto!- Mire a todos con ojos de ¿qué onda? y todos estaban con la misma cara de “qué le vamos a hacer”.  Nunca había sentido  que mi vida estaba en manos de otras personas tan concretamente como ese día. Yo quería ir a un destino, pero me llevaban a otro, claro que por la noble razón de salvar mi vida.

Pero si deseo ser honesta, en muchas otras ocasiones he dejado mi vida en manos de otras personas para que decidan qué es lo mejor para mí. Cuando terminaba el colegio y debía entrar a la Universidad, escuché los consejos de todos para decidir qué estudiar y al único que no escuché fue a mi corazón que deseaba otra cosa. Luego,  a la hora de encontrar mi primer trabajo, agarré el diario y mandé curriculum a todas las empresas que buscaban abogados, sin decidir realmente cuál era el giro que le quería dar a mi carrera profesional. Simplemente, hacía las cosas por inercia, en piloto automático, dejándome llevar por lo que hacían todos, sin pensar.

Lo grave de esto es que cuando haces las cosas por lo que otros te han recomendado o porque simplemente las cosas resultaron así, empiezas a vivir en un estado de conmoción interna o angustia, porque tu subconsciente sabe que no tienes real control de tu vida.

Creo que el sistema actual nos deja muy poco espacio para reflexionar, dedicamos muy poco tiempo a pensar el camino que deseamos darle a nuestra vida y la sociedad ayuda poco a que lo logremos. Los padres con las mejores intensiones tratan de encauzarnos por un camino que ellos estiman seguro, los medios de comunicación nos bombardean con imágenes acerca del estilo de vida que da la felicidad, los amigos nos dan a entender que si no hacemos lo que ellos hacen no seremos aceptados por el grupo.  Y vamos decidiendo nuestra vida desde afuera, moldeamos nuestra existencia en base a lo que otros creen que es mejor.

La mala noticia es que llega el día en que esta negligencia existencial nos pasa la cuenta,  soñamos despiertos con matar a nuestro jefe o con que fallezca de manera misteriosa; llegamos a nuestro lugar de trabajo y lo primero que hacemos es calcular cuanto tiempo queda para que termine la jornada de trabajo; cuando repasamos qué fue lo mejor que ocurrió en nuestro día, la respuesta es: “la hamburguesa con queso que me comí al mediodía”; empezamos a estar malhumorados y peleamos de nada con los que más amamos.

Un colega de trabajo, una vez me dijo: “¿Te imaginas lo terrible que debe ser morirse, y sentirse frustrado con lo que fue tu vida?”.  Esa frase realmente me remeció, me di cuenta de una vez y por todas,  que a la única persona que no debía decepcionar era a mí misma y decidí que haría de mi vida lo que realmente deseaba.

Dejemos de vivir en piloto automático, démonos el tiempo para reflexionar acerca de nuestra vida, y tomemos las decisiones de manera consciente.  Que nuestra vida sea el fruto de lo que responsablemente hemos decidido que es mejor para nosotros.

Viviana Gübelin Meza

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